9 Lunas, la historia de un hombre trans embarazado que desafía las fronteras del género
Presentado en el Festival de Málaga 2026, 9 Lunas de la directora Patricia Ortega es una de esas películas destinadas a dejar una huella no solo cinematográfica, sino también cultural y política. En el centro de la historia está Ángel, interpretado por el actor trans Zack Gómez-Rolls, un hombre que descubre que está embarazado: una premisa narrativa que resquebraja uno de los tabúes más arraigados en la sociedad contemporánea.

Ortega, ya conocida en el panorama ibérico por un cine atento a las cuestiones sociales, construye aquí su segundo largometraje como una obra abiertamente política pero profundamente accesible. El guion –escrito junto a José F. Ortuño y Olmo Figueredo– evita el tono didáctico y elige en cambio una narración empática, capaz de hablar a un público amplio sin renunciar a la complejidad.
La película es una coproducción internacional entre España y Bélgica, apoyada por varias productoras independientes, entre ellas La Claqueta y Amania Films. La distribución corre a cargo de Caramel Films, una empresa activa en el circuito de cine de autor. Desde el punto de vista de la distribución, la película se estrenó en las salas españolas el 7 de marzo de 2026 y está comenzando su recorrido por los festivales internacionales. Por el momento aún no está disponible en las principales plataformas de streaming, pero está previsto que llegue posteriormente bajo demanda, después del circuito cinematográfico.
El recorrido de Ángel es íntimo y político al mismo tiempo: entrenador personal, en pleno proceso de transición, se ve obligado a enfrentarse a un embarazo inesperado que le obliga a redefinir su relación con el cuerpo y con la masculinidad. Pero 9 Lunas no es una película sobre el trauma. Es, más bien, un relato de posibilidades.

Según las primeras reacciones de la crítica, se trata de una obra que elige la “ternura radical” como forma de resistencia. Una elección narrativa nada neutra: contar la historia de un hombre trans embarazado sin recrearse en el dolor ni en la espectacularización significa desplazar el discurso público, sustraerlo a la lógica de la excepcionalidad.
En este sentido, 9 Lunas se inscribe en una tradición cinematográfica que en los últimos años ha empezado a narrar las subjetividades trans con mayor complejidad. Del mismo modo, The Danish Girl contó la historia de Lili Elbe, mientras que Tangerine de Sean Baker dio espacio a dos mujeres trans negras en un contexto urbano vivo y auténtico. Más recientemente, A Fantastic Woman y Close to You han seguido ampliando el espectro de las narraciones.
Sin embargo, 9 Lunas da un paso más: no se limita a contar la historia de una persona trans, sino que lleva a la pantalla una experiencia aún más invisibilizada, la de los hombres trans gestantes. Y lo hace evitando tanto el sensacionalismo como el paternalismo, dos derivas frecuentes cuando se abordan temas percibidos como “excepcionales”.
Determinante es la presencia de Zack Gómez-Rolls, actor trans que lleva a la pantalla una experiencia encarnada, lejos de toda apropiación o simplificación. Su interpretación devuelve autenticidad a un personaje que no es un símbolo, sino una persona: con fragilidades, ironía y deseo.
A su lado, un reparto sólido del cine español –entre los que se encuentran María León, Jorge Sanz y Kiti Mánver– contribuye a construir un universo relacional hecho de vínculos, apoyo y presencia, que rompe con la idea de la soledad trans. Pero el corazón de la obra sigue siendo la representación del embarazo como experiencia no exclusivamente femenina. 9 Lunas desafía uno de los pilares del pensamiento binario: la asociación automática entre cuerpo, género y función reproductiva. Mostrar a un hombre embarazado no es provocación, es realidad. Una realidad aún poco visible y, precisamente por ello, urgente.
Y quizá sea ahí donde se mide su importancia: no solo como producto cultural, sino como dispositivo de cambio. En una Europa donde los derechos LGBTQ+ siguen siendo un terreno de conflicto, 9 Lunas ofrece una narración alternativa, capaz de humanizar aquello que con demasiada frecuencia se reduce a un debate ideológico.
Porque, al final, la pregunta que plantea la película es sencilla pero radical: ¿quién tiene derecho a ser visto, reconocido, contado? Y la respuesta, por fin, empieza a ampliarse.
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